Onimusha: Way of the Sword lleva pocos días en el mercado y ya ha dejado una impresión dividida pero interesante. No es un regreso tibio ni un producto de relleno. Tampoco es el revival redondo que algunos esperaban. Tras varias horas de juego, la conclusión es clara: Capcom ha construido uno de los sistemas de combate más satisfactorios del año… y lo ha metido dentro de una estructura que no siempre sabe acompañarlo.
Puedes consultar la ficha del juego aquí: Onimusha: Way of the Sword.
Un combate que exige y recompensa
El gran acierto del juego está en su sistema de enfrentamientos. No es acción vacía ni spam de ataques. Es un combate deliberado, centrado en la lectura del rival, en el timing de las defensas y en la precisión del contraataque. Cada enemigo serio obliga a prestar atención. Cada jefe convierte esa atención en una pequeña batalla de nervios.
Cuando el sistema funciona a pleno rendimiento, la sensación de control es alta. Desviar en el momento correcto, romper la postura del enemigo y cerrar con un golpe contundente genera una respuesta muy satisfactoria. Es el tipo de diseño que recuerda que Capcom, cuando se centra, sigue siendo una de las mejores compañías del mundo creando sistemas de acción.
Los jefes son, de lejos, lo más destacado. Están pensados para castigar la agresividad ciega y premiar la paciencia. No son esponjas de vida ni espectáculos vacíos: son pruebas de lectura y adaptación.
El problema no es el combate. Es todo lo que lo rodea
El punto débil aparece en cuanto el juego se aleja de sus mejores combates. Hay tramos de desplazamiento, estructuras de misión y momentos de exploración que diluyen el ritmo de forma evidente. Se nota la influencia de tendencias actuales: un poco de semimundo abierto, un poco de relleno, un poco de contenido secundario que no aporta demasiado.
El contraste es fuerte. Durante los grandes enfrentamientos, Onimusha se siente especial. Entre medias, a ratos parece un juego más convencional de lo que su combate merece. Esa irregularidad es su principal lastre. No rompe la experiencia, pero sí impide que el conjunto se eleve al nivel de su mejor sistema.
Identidad, tono y presentación
Visualmente cumple y en varios momentos destaca, especialmente en el diseño de enemigos y en la puesta en escena de los combates importantes. El tono general mezcla acción samurái, elementos sobrenaturales y un punto de exageración que funciona mejor cuando no intenta ser excesivamente solemne.
El doblaje en inglés es irregular. Hay personajes que encajan y otros que restan atmósfera. No es un problema grave, pero sí algo que se percibe. En cambio, el diseño de los enemigos y la dirección de los duelos importantes sí transmiten personalidad.
¿Para quién es realmente este Onimusha?
Si te interesa un juego de acción con combate técnico, jefes bien diseñados y una identidad clara, Onimusha: Way of the Sword está entre lo más recomendable de estas semanas. No es redondo, pero tiene un núcleo muy sólido.
Si priorizas exploración constante, variedad de sistemas o un mundo denso en contenido secundario, notarás más sus carencias. Este juego vive de sus enfrentamientos, no de la cantidad de distracciones que ofrece entre medias.
Conclusión: un gran combate dentro de un juego irregular
Onimusha: Way of the Sword no es un regreso perfecto. Es un juego con un sistema de combate excelente atrapado en una estructura que no siempre está a su altura. Tiene personalidad, tiene momentos de muy alto nivel y tiene un oficio evidente por parte de Capcom. También tiene relleno, ritmo irregular y decisiones de diseño discutibles.
Aun así, cuando desenvaina, funciona mejor que la mayoría de juegos de acción recientes. Y en el panorama actual, eso ya justifica prestarle atención. No es redondo. Pero sí es interesante. Y a veces, eso pesa más.