Blizzard ha vuelto a llenar un escenario y, por una vez, no ha salido solo a vender la siguiente temporada. En la Opening Ceremony de BlizzCon 2026 ha puesto fechas lejanas sobre la mesa: Diablo V en primavera de 2029, un shooter narrativo de StarCraft en 2030 y, más cerca, World of Warcraft Forever el 4 de noviembre. La sensación no es de parche ni de contenido de temporada. Es de hoja de ruta.
Diablo V: partir de la derrota
Lo más llamativo de Diablo V no es solo la fecha. Es el planteamiento. Sanctuary ha caído. Diablo ha ganado. El juego parte de la derrota, no de la resistencia habitual de la saga. Esa premisa, si se sostiene en el diseño final, obliga a cambiar el tono de toda la franquicia. Ya no se trata solo de bajar otra vez al infierno a recuperar el control: se trata de qué queda cuando el mundo que conocías ha dejado de existir y de en qué te conviertes para seguir adelante.
Es ambicioso. También arriesgado. Anunciar un Diablo para 2029 es decirle a la comunidad que el soporte de Diablo IV aún tiene recorrido —temporadas, contenido, posiblemente más expansiones—, pero que la siguiente gran apuesta de la saga ya está en marcha y no será una simple continuación por inercia. La pregunta es si Blizzard será capaz de mantener el interés durante casi tres años sin quemar la premisa a base de trailers vacíos o cambios de rumbo.
El regreso de StarCraft en forma de shooter narrativo en mundo abierto va todavía más lejos en el calendario. 2030. Nadie con dos dedos de frente puede tomar eso como una fecha cerrada de marketing inmediato. Es una declaración de intenciones: Blizzard quiere volver a una IP que lleva años en segundo plano y hacerlo con un género distinto al RTS clásico que definió la serie.
Un shooter narrativo en mundo abierto dentro del universo StarCraft puede funcionar si captura la tensión, las facciones y el tono de ciencia ficción militar que siempre tuvo la saga. También puede diluirse en un proyecto genérico con skin de terran y zerg. Ahora mismo solo hay anuncio y horizonte lejano. El valor está en que Blizzard haya puesto el nombre sobre la mesa otra vez; el riesgo, en que 2030 quede tan lejos que el proyecto cambie de piel tres veces antes de llegar.
World of Warcraft Forever: ni Modern ni Classic
Más concreto y más inmediato es World of Warcraft Forever. Llega el 4 de noviembre (con beta desde el 17 de septiembre) y se presenta como una tercera vía junto a Modern y Classic. No es un servidor Classic más. Es un producto aparte basado en el espíritu del vanilla, con nivel máximo 60, zonas nuevas, más de mil misiones, mazmorras y bandas propias, y una raza nueva (Skyborne).
La idea es clara: capturar lo que mucha gente sigue pidiendo del WoW original sin limitarse a reponer contenido de 2004-2006. El peligro está en el equilibrio. Si se siente demasiado como Classic con barniz nuevo, una parte de la comunidad lo rechazará. Si se aleja demasiado del tono y la estructura que justifican su existencia, otra parte dirá que ya tenía Modern para eso. Forever tiene que demostrar identidad propia desde el primer mes, no solo nostalgia bien empaquetada.
El corto plazo también cuenta
En paralelo, Blizzard no ha descuidado lo inmediato. Diablo IV tendrá temporada nueva el 15 de septiembre, con los Prime Evils y el regreso de Deckard Cain, y además llega a Switch 2 esa misma semana con las dos expansiones incluidas. Overwatch suma el héroe Doctrine, retoques importantes a Sombra y Roadhog, y el mapa Watchpoint: Grimsvötn. Y Warcraft III Reforged recibe por fin una campaña nueva —Forsaken Kingdom— más de dos décadas después, junto a una actualización 3.0 con mejoras gráficas y editor renovado.
Ese bloque de contenido cercano es importante. Sirve para que el BlizzCon no se quede solo en promesas de 2029 y 2030. Mantiene vivos los juegos que hoy pagan las facturas y da algo que jugar o consumir en las próximas semanas.
Una hoja de ruta, no un salvavidas
Leído en conjunto, este BlizzCon no va de un solo juego salvavidas. Va de una Blizzard que intenta demostrar que puede planificar a varios años vista mientras mantiene el día a día de sus productos actuales. Diablo V y el shooter de StarCraft son apuestas de largo recorrido. WoW Forever, la temporada de Diablo IV, el contenido de Overwatch y la campaña nueva de Warcraft III son la prueba de que no todo se delega al futuro.
La pregunta que queda no es si los anuncios suenan bien. Suenan bien. La pregunta es si Blizzard puede ejecutar en plazos tan largos sin que el entusiasmo se enfríe, sin que los proyectos se transformen hasta volverse irreconocibles y sin que la comunidad acabe recordando este escenario como una lista de fechas que nunca se cumplieron del todo. De momento, han puesto las cartas sobre la mesa. Ahora toca ver si las juegan.